Por Martin Gómez G.
En Minatitlán volvió a escucharse el eco de la solidaridad. No fue por fiesta, no fue por carnaval, sino por la tragedia más dolorosa: la de una niña de apenas cuatro años que, arrebatada de la vida en circunstancias que hielan la sangre, pudo regresar a su tierra este sábado por la mañana, gracias a la cooperación de ciudadanos de buen corazón.
Cuando las instituciones fallan, cuando los recursos parecen siempre estar reservados para otros fines, fue la gente de a pie, la gente sencilla, la que se organizó, para que el cuerpo de la pequeña Danna no terminara en una fosa común.
El contraste es brutal. Mientras ciudadanos comunes abrían la cartera para juntar peso sobre peso, los presuntos responsables -su propia madre y el padrastro- eran señalados como los causantes de un infierno doméstico disfrazado de hogar.
El caso aún se procesa en los tribunales y la ley los mantiene bajo la presunción de inocencia, pero la autopsia reveló lo que las excusas intentaron tapar: golpes, maltrato, violencia sistemática. No es un “insecto”, no es un “accidente”, es la huella de la brutalidad que una niña no debió conocer jamás.
Aquí también debe reconocerse la valiosa participación de los medios de comunicación e «influencers» de redes sociales, que no dejaron pasar la noticia como una estadística más. Gracias a su difusión y capacidad de viralizar la tragedia, la historia se hizo visible y provocó una ola de solidaridad que logró lo impensable: que la pequeña Danna ya descanse en su hogar, desde donde nunca debió salir.
Hoy la sociedad debe mirarse en ese espejo incómodo. Porque no basta con indignarse en redes sociales, ni con poner veladoras virtuales. La violencia infantil no se resuelve con lágrimas colectivas, sino con una vigilancia real, con la capacidad de denunciar a tiempo, con el compromiso de no guardar silencio cuando un menor está en riesgo.
La pequeña Danna vuelve a descansar en Minatitlán, pero la verdadera pregunta queda en el aire: ¿cuántas veces más se tendrán que hacer colecta para enterrar a los hijos que no supimos proteger?
Imagen: Cortesía Contacto Informativo 📸
