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Hambre y miseria, herencia de Silvana Jazmín a sus cuatro hermanos

Porrich835

Feb 14, 2019

Por Mari Carmen Rosas Alcalá
Minatitlán Ver.- El asesinato de Silvana Jazmín ocurrió el 4 de febrero del 2019 la joven asesinada vivía en extrema pobreza y sus hijos podrían ser resguardados por el DIF.
Cada 15 días, Silvana Jazmín llegaba de trabajar a una pequeña casa de láminas y madera a la colonia el Encinal, donde vivía con sus cuatro hijos y su madre.
Dentro, una cama para todos. Cocinan en un fogón improvisado en el patio, debajo de un árbol que da sombra.

Casi siempre ella se la pasaba trabajando como meretriz en una carretera del sur de Veracruz, dónde son constantes los asesinatos, la aparición de cadáveres y asaltos a mano armada.

Después de fracasar en dos relaciones de pareja, se tuvo que poner a trabajar en eso y para ello se iba de 15 a 20 días para ganar dinero para sostener a su familia, pero del último viaje, ya no volvió. El lunes pasado fue encontrado su cadáver en la vía pública en una colonia vecina, sumándose a la lista de mujeres asesinadas en Veracruz, 33 de diciembre a la fecha.

Sus cuatro hijos ahora quedan al cuidado de su madre, una mujer cansada, de 60 años de edad, que deberá criar a Vanesa de 9 años, Silvana de 6, Oliver de 3 y el cuarto tiene un año de nacido, y ahora crecerá preguntando a los mayores como era su mamá.

Doña Aidé Guízar, madre de Jazmín, no cuenta con ningún apoyo por parte de las autoridades, vive sola, apoyaba a su hija en el cuidado de los pequeños, mientras ella salía a buscar el sustento para la familia como trabajadora del sexo.

Vanesa va en cuarto año de primaria, le gusta estudiar, hace dos semanas que no asiste a la escuela, Silvana también dejo de asistir al kínder, al no tener noticias de Jazmín y recursos para los gastos de la escuela.

Doña Aidé tenía temor de ser separada de sus nietos por el DIF, ella no espera recibir ningún apoyo por parte de las autoridades, ya que en diferentes ocasiones han jugado con promesas de ayuda, burlándose de la necesidad de la familia.

Doña Aidé solo quiere conservar a sus nietos juntos, sin embargo, será complicado trabajar y cuidar a los 4.

Y aunque autoridades con la nueva propuesta de que sean los abuelos, quienes reciban apoyo económico por el cuidado de los nietos, y de casualidad voltearan a ver el caso de los hijos de Jazmín, y ayudarán económicamente a la abuela, para poder solventar los gastos básicos de alimentación y educación, la realidad es que doña Aidé quisiera que su hija estuviera viva, aunque sea para poder abrazarla cada 15 días, reír, cocinar en el fogón y dormir dentro de la casa de lámina, todos juntos en familia.

«Antes de dormir rezo le pido a Dios vida y salud para sacar adelante a mis cuatro pequeños», comenta Aidé, madre de Silvana Jazmín, joven asesinada en febrero en el sur de Veracruz.
Silvana Jazmín Ricárdez Guízar, de 27 años de edad, madre soltera, trabajaba de meretriz en la autopista Cosoleacaque Nueva Teapa, con lo que ganaba alcanzaba para la educación de sus hijos y el sustento en la casa, mientras que doña Aidé Guízar de 60 años de edad, cuidaba a los pequeños.
La última vez que la vio con vida fue el diciembre pasado, trajo a casa despensa suficiente para iniciar el año nuevo, estuvieron conviviendo en familia felices, se marchó en enero, » estaba acostumbrada a su ausencia, pero no por mucho tiempo, me la mataron».

Los hijos de Silvana Jazmín crecen al lado de la abuela, Vanesa de 10 años, Silvana 7 años, Oliver 4 años, estos van a la escuela y son buenos alumnos, también está el pequeño Esteven de 2 años de edad, el DIF no los resguardo y tampoco le brindo la ayuda prometida.

Con esfuerzo Aidé ha comprado una máquina de coser y realiza algunos trabajos, con las ganancias compra telas y vende juegos de sábanas y forros para colchones, así se la ha arreglado para que los pequeños sigan estudiando, algunas personas de repente se acuerdan y le regalan comida y ropa para los niños.

Doña Aidé era beneficiada con el programa de prospera, al iniciar el nuevo gobierno se lo quitaron, las becas prometidas por las autoridades para los pequeños después de la tragedia, no llegaron, ni hablar para el apoyo de los abuelitos pues no cuenta con la edad suficiente, y la última opción de brindar ayuda a los abuelos que cuidan a los niños, quedó solo en una ilusión.

«Hay momentos en que el corazón deja de latir, pero tengo a cuatro pequeños que me necesitan», expresa, mientras suspira y su mirada se torna triste al recordar a su hija.

Un altar en una esquina con la fotografía de Silvana Jazmín se encuentra en la casa de lámina, todos los días colocan flores naturales que cortan por las calles los pequeños, ahí conversan con su mami, y le piden que los cuide desde el cielo, dicen.

Vanesa es la ayuda idónea de la abuela en las tareas de la casa, le gusta cocinar en el fogón que se ubica en otro cuarto de la humilde vivienda, ahí cocina huevos, coce frijoles, arroz, sopa, entre otros guisos, Silvana y Oliver son sus ayudantes.

A todos les gusta el platillo «especial», le llaman, “Pones a hervir los bistecs, en otro recipiente preparas arroz y vacía el guiso que lleva tomate, guajillo, ajo, pimienta, cebolla y el caldo de los bisteces. Una vez que esté listo se deshebra la carne y se revuelve con el arroz, para que alcance para todos, es nuestra comida favorita», Vanesa.

A nueve meses del asesinato de Silvana Jazmín, Aidé comenta que no sabe nada del proceso en la fiscalía y que la única justicia que espera es la justicia divina. Del papá de los pequeños se enteró que fue asesinado y al no haber dinero sus restos se fueron a la fosa común.

En Veracruz 200 mujeres han sido asesinadas a solo unos días de que finalice el primer año del gobierno de Morena, el gobernador Cuitláhuac García Jiménez dice que las cifras son exageradas, pero se ocupa el primer lugar en feminicidios.

Los asesinatos no han parado en los últimos meses se han sumado la muerte de varias jóvenes en el sur, Silvia Jazmín Alpuche en Minatitlán, Izamar Méndez en Cosoleacaque y Patricia Alcudia en el municipio de las Choapas.

Ha pasado un año y 4 meses del asesinato de Silvana Jazmín Rodríguez Guízar en la colonia Oaxaqueña.

Los hechos ocurrieron el 4 de febrero del 2019, en el municipio de Cosoleacaque, el cadáver de Silvana fue abandonado por la vía del tren.

Para Silvana Jazmín no hubo justicia y la familia no tuvo el recurso para exigirla.

La joven asesinada, era madre soltera y dejó 4 huérfanos que están creciendo al lado de la abuela. Esteven que hace poco cumplió 3 años, Oliver de 6, Silvana de 9 y Vanesa de 11.

Los pequeños son felices en esa humilde casa, que además cuenta con dos árboles frondosos que brindan sombra en tiempo de calor.

Los niños quedaron al resguardo de Aidé Guízar, la abuela materna, de 62 años de edad.

Aunque a veces en casa no hay para las tortillas como hoy, dicen ser felices.

Y es que en contingencia de Covid 19 se ha complicado la situación.

«Tengo otra hija, que me apoya, ella es mamá de Said y tuvo que irse hasta Puebla a buscar alguna oportunidad, porque aquí empezaron pagándole la mitad del sueldo y luego se quedó sin trabajo, el niño se quedó conmigo», Aidé.

Era pasado del mediodía del martes y los pequeños aún no habían desayunado, porque la harina para realizar unas tortillas se había agotado.

En la cocina quedaba solo un poco de ese guiso que algunas personas llaman «casamiento», que es fríjol y arroz, y Aidé le añadió unos huevos.

Algo austero, nada extravagante, ni exótico, pero no había dinero para comprar la tortilla para que el platillo alcanzara para todos.

«La gente a veces viene y toca a la puerta, nos trae harina, frijol, arroz, aceite, o sopa».
Pero desde que empezó la pandemia todo cambio.

«Muchas de las personas que nos apoyaban se quedaron sin trabajo y ahora no pueden ayudarnos como antes».

Aidé se dedica a realizar costuras en su domicilio, calle Niño Artillero número 58 de la colonia el Encinal.

Por la contingencia dice que no hay clientes, “ya van dos meses que no realizo alguna costura», lamenta.

Le prometieron becas, apoyo de alimentación o de salud, llegaron una vez y no volvieron a regresar, y del programa federal de apoyo a los abuelos que cuidan nietos solo quedó en una propuesta.

Aun así, Aidé no deja de agradecer a Dios por la vida, por sus nietos, porque pueden estar juntos en esa humilde vivienda en donde ha habido tristeza, pero también alegría.

«A veces no hay para la tortilla, pero Dios nunca nos ha dejado, solo hay que tener fe», expresa Aidé mientras comen todos juntos en la mesa.

Por rich835

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